miércoles, 6 de junio de 2012

Más pragmatismo

Imagínate por un momento que al padre del comunismo y del marxismo, Carlos Marx, en lugar de dedicar su vida a crear y a luchar por implantar su modelo alternativo al capitalismo, le hubiera dado por “indignarse” y se hubiera llevado la caseta de campaña a las plazas de París, Bruselas o Londres. Imagínate que en vez de pasarse meses escribiendo obras que hoy son pilares básicos de la economía política como El Capital o el Manifiesto Comunista, hubiera optado por emplear su tiempo compartiendo links o retwitteando a otros pensadores. 

Imagínate, aunque sea sólo por un momento, qué sería de nosotros si, en vez de haber liderado la AIT, Marx hubiera preferido llevar a cabo encierros con sus compañeros en su Universidad. O aprovechar el día de su comunidad autónoma para desnudarse y escribirse un mensaje en la espalda. O sumarse a iniciativas como la de ponerse una prenda al revés. O acudir a actos para golpear cacharros y gritar. Imagínatelo. ¡En vez de hablar de los movimientos obreros del siglo XIX hablaríamos de los carnavales del siglo XIX!

Sin duda alguna, el hecho de que los logros en materia de derechos sean cada vez más reducido y dificultosos, e incluso estemos asistiendo a un retroceso en este ámbito, se debe, principalmente, a una cuestión más que visible pero que muchos obvian, y sobre la que es imprescindible reflexionar: las maneras.

Yo, por mi parte, me quedo pasmado al ver la satisfacción que le produce a la gente de este siglo acudir a una manifestación que al día siguiente será la portada de los periódicos pero que, a la hora de la verdad, de poco habrá servido. Con toda la sinceridad del mundo, creo que hemos caído en un mar de banalidad donde, a pesar de estar todos ahogándonos, no somos capaces de ver que lo que hacemos no lleva a ningún lado. Creo que ya es hora de que dejemos de conformarnos con los minutos de silencio, las caceroladas, los lemas pegadizos, las huelgas generales (reguladas por el mismo sistema contra el que se lucha), las concentraciones, las cadenas humanas… Queríamos llamar la atención de los medios. Y lo hemos conseguido. Es el momento de pasar a la práctica: los actos simbólicos ya no bastan. Es hora de volver a sacar nuestro lado más ludita, de conquistar el sistema, de adueñarnos del Estado. Es hora de pasar de lo simbólico y representativo, a lo pragmático y utilitario. De trazar planes realistas que no se queden en una simple anécdota y que, por el contrario, nos sirvan para alcanzar las metas propuestas.

Mi gran amigo Luis Manuel siempre dice lo mismo, hay que ser pragmatico.

Besos muy grandes cacachuchis.